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Cuando Alexander Von Humboldt visitó Sudamérica en 1802 se quedó impresionado con los volcanes ecuatorianos: el Chimborazo, el Cotopaxi y el Cayambe.

Hizo un registro de sus capas de nieve y glaciares que proveen el agua para los páramos y ciudades del Ecuador. Un reciente estudio hecho por geólogos ecuatorianos ha calculado el retroceso de estos glaciares.

El estudio indica que a partir de 1956 el retroceso se ha acelerado y en los 50 años trascurridos del 1956 al 2006 los glaciares del Ecuador han perdido más del 40% de su superficie. En el caso del Cotopaxi esto sucedió en solo 30 años.

Debido al constante aumento de la temperatura, el proceso se ha acelerado a partir de 1980, cosa que ha sucedido también en otras partes de América del Sur. Según los geólogos ecuatorianos, los glaciares a partir de los 5.000 metros son los más sensibles al cambio climático.

El Instituto Francés de Investigación del Desarrollo, que estudia los glaciares ecuatorianos hace casi 20 años, ha publicado otro estudio según el cual: “…últimamente la precipitación ha sido la menor en 40 años, mientras que las temperaturas han sido las más altas”.

Como consecuencia, la línea de nieve en el Antisana ha retrocedido 400 metros y está a 5.300 m.s.n.m. Según los climatólogos de la Universidad de Albany en Nueva York, “…la tendencia a largo plazo de la retracción de los glaciares se explica por el cambio antropogénico (causado por el hombre) del clima”.

En el caso del Ecuador los glaciares proveen de agua a los pastos de la puna, llamados páramos, siendo más necesarios en las temporadas de baja precipitación. Más importante aún es que la ciudad de Quito, con una población de 2,5 millones de personas, depende en gran parte de los glaciares para el suministro de agua.

Los glaciares ecuatorianos tienen un área total mucho menor a la de los peruanos y bolivianos, que están perdiendo volumen en un grado similar. Se estima que desde 1975 los glaciares de la Cordillera Real de Bolivia han perdido la mitad de su volumen. Estos son los glaciares que proveen el 15% del suministro de agua a El Alto y a La Paz, proporción que llega al 27% en la estación sin lluvias.

Nuestros Andes

La revista científica “Cryosphere”, dedicada a las capas de hielo y nieve, ha publicado un resumen sobre la situación de los glaciares en los Andes centrales, siendo el Perú el país con mayor área de glaciares en zonas tropicales.

Como ejemplo se da el valle del río Santa, cuya agricultura, hidroeléctrica y finalmente la ciudad de Chimbote dependen del agua proveniente de la Cordillera Blanca.

Según los estudios, en épocas de lluvia los glaciares proveen el 20% del agua del río Santa y 40% durante la estación seca, con un constante incremento en la demanda a causa del aumento de la población. El mismo estudio menciona a Lima, carente de lluvia, como una de las ciudades del mundo más dependientes del suministro de agua debido que se encuentra en el desierto.

Según la información recopilada, los glaciares tropicales de los Andes se han retraído entre 30% y 50% a partir de 1970. Al parecer esta retracción, la más rápida registrada en los últimos 300 años, es consecuencia de un incremento de temperatura local que no llega a un grado durante los últimos 40 años.

La altura y el espesor

Según la información de “Cryosphere”, a latitudes menores que las del Ecuador, los más vulnerables son los que se encuentran por debajo de los 5.400 m.s.n.m. Estos han venido perdiendo en promedio 1,35 metros de espesor al año desde el fin de la década del setenta, el doble que los glaciares altos.

Según el Laboratorio de Glaciología y Geofísica de Grenoble, en Francia, como los glaciares bajos rara vez pasan de 40 metros de espesor, es probable que desaparezcan por completo en la próxima década.

El Perú es el país con mayor cantidad de glaciares tropicales, aproximadamente 722, con un área de unos 720 km2 y, si bien los estudios dan el valle del Santa como ejemplo, el fenómeno se repite en mayor o menor grado en todos valles entre la cordillera y el mar.

Un factor importante en el grado de dependencia de los valles del agua de los glaciares es la precipitación. Dado que esta también se está alterando con el cambio climático, resulta difícil estimar el impacto futuro de la reducción de los glaciares.

Más al sur

En Bolivia la situación amenaza con ser aún más crítica. En el Chacaltaya, que era conocido internacionalmente como el centro de esquí más alto del mundo, con más de 22 hectáreas de nieve, hoy queda menos de una, distribuida en pequeñas manchas blancas sobre un cerro negro y pelado.

El estudio da una lista de otros nevados con reducciones, si no tan drásticas como la del Chacaltaya, con un porcentaje de reducción similar o mayor al de los nuestros.

Entre las preocupaciones inmediatas figura el suministro de agua a La Paz, donde normalmente un 15% de la demanda, y 27% durante la estación seca, proviene de glaciares. Esta reducción de suministro coincide con la región de mayor crecimiento poblacional en Bolivia.

La reducción de los glaciares supone el mismo efecto, aunque en menor escala, debido a la menor población dependiente en otros valles interandinos de Bolivia.

El resto

A partir del trópico de Capricornio, 23,4 grados sur del ecuador, se acaban los trópicos y los glaciares aumentan. Por las temperaturas más bajas, los hielos están menos amenazados. Sin embargo, en la Patagonia y en Chile se ha registrado un retiro acelerado de los glaciares.

Debido a la topografía, la distribución de la población y el espesor de las nieves, las consecuencias de esta reducción son mucho menores. El efecto más notorio, de acuerdo con quienes estudian la región, es el cambio de paisaje. Pero el cambio climático es implacable. En los Andes tropicales al norte del Ecuador, el nevado Del Ruiz en Colombia ha perdido más de la mitad de su área en los últimos 40 años.

Aunque los estudios mencionados son parciales y dedicados a zonas específicas, emerge un cuadro general. El calentamiento global y el cambio climático están afectando a todos los glaciares de manera similar: reduciendo su volumen.

Además de alterar el paisaje, esta reducción, dependiendo de dónde ocurre, tiene un efecto directo sobre la población que depende del agua para su consumo directo y para la agricultura.

Todo parece indicar que el proceso de desglaciación se acelera y de continuar al mismo paso, sus consecuencias no tardarán en hacer crisis en los lugares donde la población depende del agua que proveen.

Desgraciadamente, los países más afectados, entre los cuales estamos, poco podemos hacer en cuanto al calentamiento y el cambio climático. Las emisiones de todos los países de la costa occidental de Sudamérica son menores que el aumento de las emisiones de China, Estados Unidos y de la Unión Europea.

Fuente: www.observatoriocambioclimatico.org

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